9 ene 2012

La eterna melodía

 

 

 

ADVERTENCIA: El texto siguiente está basado en un cuento de Sóel Romero titulado: “Eterna melodía”, por lo que algunas referencias a los padres podrían parecer inconexiones.

 

***

 

a Sóel

 

Eran ya varios intentos en los que mi madre intentaba librarse de aquellas cadenas, incluso aquel viejo libro sobre la filosofía del silencio no había funcionado, era claro, no puedes matar la esencia de la persona que amas, hacerlo es involucrarte en el flujo del universo y hacer eso, para un ser venidero, resulta el más grande error.

Tú y yo vamos por el mundo, nacemos, dicen todos, con defectos, aún puedo leer en la pila de libros de tu sucio departamento la novela que escribiste para mí mientras no dejabas de escuchar música. No podías hacerlo, como yo de ese modo no podía leer tu novela, quitar mi caleidoscopio de mi ojo sería tan arriesgado como desenchufar tu largo cable de 50 kilómetros de tus audífonos.

El amor me parece incomprensible, pero escuchando la melodía que nos identifica, aquella que sonaba en la plaza cuando me robaste un beso y dejaste el ojo morado por el impacto de tu caleidoscopio logro entenderlo sin poder incluso responderme a mi mismo qué es.

Pero no me enamoré de ti por verte como eras, mi defecto es ver sólo las apariencias pues mi caleidoscopio a cada giro llena de color lo colorido que es el mundo, si me enamoré de ti fue por otra cuestión, aquello indecible que se penetra en la piel como una larva de mosquetón.

El beso, las lagrimas caían, y no de alegría sino de dolor, oía canciones ya sin darme cuenta cuál era una y otra, como si toda fueran una sola, una eterna melodía. Y si me enamoré no fue por tus palabras sino por tu apariencia y tu sonrisa, porque no puedo comunicarme contigo de otro modo que no sea por medio del beso o el tacto, porque no puedo escuchar y tú no puedes ver, con el caleidoscopio en el ojo y el otro cerrado. A veces cuando me acaricias no puedes hacerlo bien, darle vueltas a tu ojo necesita de más de una mano.

Pero te amo.

A pesar de que no se qué es, te amo.

Giro y voy por la calle, siempre por las mismas calles, así siempre llego a donde quiera, todo a permanecido en el mismo lugar siempre, no hay modo de arruinarlo, siempre llego a todos lados y escuchando los peligros logro saltarlos. A mi no me interesa la realidad, la realidad es lo que veo, no me interesa saber cómo eres, sólo me importa saber con quién soy.

No importa, no te escucho.

Pero quiero verte.

…quiero que me digas te amo…

Tú vivías antes lejos, muy lejos de mi ciudad, recuerdo cómo te conocí, caminaba en la calle por las calles de siempre cuando un día tropecé con tu cable, no sé si sabías que dicen que existen reproductores personales, pero de algún modo eso me atrajo, que fueras un anticuado, con tu largo cable lleno de pelos, animales y basura que sentía con mi mano. Cuando estuve a punto de caer me tomaste de la mano y me jalaste y yo cerré los ojos para no ver el color que hace daño, sólo sentía tu presencia y tú corazón palpitando, sentía que me mirabas pero no quería abrir los ojos así que acerqué mi caleidoscopio y abrí el ojo. Te dije algo y no respondías. Cuando grité, escuché un zumbido musical, era tu piel, la protección de tus hemorrágicos músculos, luego notaste que yo era como tú, mi piel era mi caleidoscopio, era a la vez la conexión de la vida con mi corazón.

Te besé entonces sin pensar, te besé y nos enamoramos, aún sin saber tu nombre, sin que supieras cómo era, sin reconocer jamás tu voz ni ver tus ojos. Así te amé. Así me amaste.

Pero surge el deseo de tocarte y sentir tu cuerpo con todo mi cuerpo.

Surge el deseo de hacerte el amor y enredarte en mis brazos.

Quiero,

en efecto,

estar contigo.

Y lo intento y escuchas mis gritos que yo no escucho y veo tu cuerpo unido al mío.

Y mi caleidoscopio se truena.

Y mi enchufe se desconecta y te empieza a envolver por todas partes y gritas te amo, te deseo, más y más, y escucho por vez primera tu voz.

Mis ojos sangran, veo la realidad y entre todo esa fealdad estás tú, bello por dentro, bello, dejando atrás las apariencias, y nos desnudamos de la piel y sangramos sobre nuestras caras, nuestras manos se llenan de sangre y todo sangra por todas partes.

Me doy cuenta que no oigo más música.

Me doy cuenta que ya no veo las mismas figuras.

Y me pongo a llorar.

Me pongo a reír,

Y veo tus ojos claros y me das tu caleidoscopio roto y yo mis audífonos.

Después de eso jamás te volví a ver.

Después de eso jamás te volví a escuchar reír.

Pero el amor, el amor se funde en el universo.

Aún buscamos la forma de hacer volver a mi padre la vez que dejó de escuchar música, siempre fuimos así, mi madre dejó la filosofía del silencio para el viento, precisamente el viento que sale de la flauta que hace latir el corazón de su esposo, mientras yo, sin poder quitarme el caleidoscopio roto que derrama cuentas continúa caminando por las mismas calles buscando mi canción, mi eterna melodía.

 

 

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