ALFREDO
Eliose, Abigail
[Alfredo ha iniciado sesión]
ALFREDO: ¿Cómo te va?
ELIOSE: ¡Alfredo, la alegría misma me has devuelto con sólo tu saludo, alguien inteligente faltaba aquí!
ALFREDO: No hay que exagerar las cosas pero graciasJ.
ELIOSE: Sí…
ALFREDO: ¿Te sucede algo?
ELIOSE: No quiero aburrir o molestar con mis cosas pero ya que preguntas, la verdad es que sí. Es con relación al amor.
ALFREDO: ¿Dejaste entonces a tu novio?
ELIOSE: Eso pasó hace algunos meses, me sentía ya tan mal con los recuerdos y por no haberlo superado que ya no soporté lo que le hacía a Angel, sentía que le engañaba en el pensamiento y no pude, ya no pude, por más que lo intenté no pude.
ALFREDO: Qué mal, ¿quieres contarme? Quizá así puedas sentirte mejor y pueda ayudarte.
[Alfredo ha enviado un zumbido]
ALFREDO: ¿Sigues ahí?
ELIOSE: Disculpa, me dio un ataque… me siguen temblando las manos.
ALFREDO: ¿Qué? ¡Ve al médico, no puedes continuar así!
ELIOSE: Ya he ido, ya tengo el medicamento, sólo a esperar que haga efecto. ¿Harás algo en la tarde?
ALFREDO: No ¿por qué?
ELIOSE: ¡Salgamos, te hablaré de lo que pasó y por qué me siento mal!
ALFREDO: ¡¡Acabas de tener un ataque!!
ELIOSE: ¡Vamos! eso me calmará…
ALFREDO: Nos vemos en tres horas ¿dónde?
ELIOSE: En el zócalo, para no perderse, nos vemos en un rato.
ALFREDO: Ok, nos vemos, cuídate por favor.
[Has cerrado sesión]
ELIOSE: Maldito Allem, cuando lo necesito no está en su casa. Bueno, lo entiendo, no está a mi disposición, ahora, ¿qué ruta me lleva más cerca? Ahí viene una, ¡ya! Tomo esa, que me acerque.
ALFREDO: Llegas tarde, como la vez pasada…
ELIOSE: Disculpa, me pasó algo raro, me alegró pero a la vez me asustó.
ALFREDO: Cuéntame qué sucedió entonces.
ELIOSE: Vale, pero te lo cuento si vamos por un mate.
ALFREDO: Muy bien, vamos. Ahora bien, ya que tenemos los mates, cuéntame lo que sucedió.
ELIOSE: Aunque quizá nos lleve tiempo y sea de lo único que hablemos ¿quieres escucharme?
ALFREDO: ¡Hombre, si a eso he venido aquí, para escucharte!
ELIOSE: Entonces, esto fue lo que me sucedió: cuando me conecté estaba cerca de la casa de mi primo porque lo había ido a buscar a su casa pero no se encontraba, quería hablar con él de esto, pero al ver que no llegaría sino hasta tarde decidí ir a un internet para ver quién podría leerme o escucharme, fue ahí que entre sesiones absurdas me saludaste. De inmediato salí de ese lugar y caminé hasta la avenida principal, demoró unos minutos el transporte y estaba tan ansioso a pesar de faltar poco más de dos horas que me subí a la primera ruta que vi que decía centro. Ya arriba del micro comencé a pensar y sobre todo a divagar sobre el tema del que te hablaré después de esto que te estoy contando.
Sin darme cuenta caí dormido, no tuve algún sueño, pero al pasar el micro por un bache me despertó al golpearme la frente con el pasamanos del asiento de enfrente, por eso el chichón en la cabeza, mira.
ALFREDO: Ja, ja, ja, ja, muy gracioso, la vez pasada tenias rota la cabeza por el bo.
ELIOSE: Cierto, parece que mi cabeza está destinada a estar deforme cuando nos veamos. Prosigo, me desperté como todo aquel que es vuelto a la realidad de golpe, miré a todos lados con euforia y desconcierto, no sabía dónde estaba, mi vista estaba aún nublada, sacudiéndome un poco vi un local de carnitas de color amarillo y fue cuando el espanto me tomó por completo, estaba cerca de la universidad de Cano ¡imagínate el susto que me llevé! Me levanté rápidamente y toqué el timbre, el chofer no respondió, después de varios intentos y gritos me bajó cerca de su escuela, para ser exactos en el parque donde solía esperarlo, aquel que está entre el CMUCH y la American School. Al estar ahí abajo los recuerdos me poseyeron, no sabía qué hacer y a punto de un ataque me senté en el lugar donde siempre acudía al encuentro. La respiración estaba acelerada, la arritmia de mi corazón estaba a punto de ocasionarme un paro cardiaco, las manos y los brazos comenzaron a hormiguear y mis dedos se entumieron, imposible intentar escapar escribiendo algo, mis dedos no lo permitían. El rostro se me durmió y mis piernas flaquearon a pesar del exceso de adrenalina que las había cubierto para poder correr y olvidarme de todo, caí tendido ahí donde siempre lo esperaba y nada podía ya hacer. Sólo contemplaba ese parque de losetas rojizas que habían perdido su color, parecían ahora cafés, en el centro había líneas blancas que delineaban la figura de una cancha de basquetbol, había en el centro, cerca de la barda de la escuela un busto de Felipe Carrillo Puerto , había por doquier inmensos árboles frondosos que degustaban la nariz con el néctar de la vida, el incontable ahora de cada hoja, de cada jacaranda, la agradable sombra y exquisita corriente de aire que corría por doquier, era el mejor lugar para esperar al amado, sin importar que este no fuera bello, tan limpio, tan verde, tan anhelado era para mí estar ahí y verlo. ¡Oh Alfredo cuán romántico me he vuelto por el amor de ese hombre, pues, de no haberlo conocido jamás hubiera sufrido esto y a la vez tenido tanto beneficio, a pesar de que piensen todos que es una exageración, lo comprenderían si en verdad hubieran amado, como supongo que he amado yo!
Comencé a ver uniformes de su escuela y sin poder respirar traté de pararme y tambaleándome lo hice para caminar hasta la parte de atrás de la universidad, ahí, donde un día nos sentamos solos en las calles desiertas donde nada nos importaba sino la compañía mutua, donde nos habíamos visto con amor y pasión sin tocarnos, donde en la culminación de un beso todo terminaba y dejábamos de existir alimentando sólo ese ente que habíamos creado los dos: el amor.
Ahí me quedé llorando un rato, hasta que me sentí seco y tranquilo, desinteresado, recordando que en un rato te vería, que podría hablar con alguien.
ALFREDO: Iván, amigo mío, me da tristeza verte así, me sorprende el brillo en tus ojos que puedo ver por lo que sientes aún por él, hablas de él como si hablaras de un dios, como si hablaras del conocimiento de la deidad y te sintieras dichoso por ello1, pero a pesar de que esos lentes estorban un poco para ver lo que reflejan tus ojos y aún a través de los míos, puedo notar que tan bello para ti pudo resultar ese amor y que tan doloroso es recordarlo, sobre todo de la manera en la que terminó todo. No, por favor, no llores, ven. No sé en verdad qué es lo que más te duele, si no resultó como esperabas o el mal final que tuvo.
ELIOSE: Parece amigo mío que me veo envuelto en las redes de mi propia teoría. Si bien por medio de esa intuición el hombre se ve en los ojos del otro2 y se trata de conocer y conocer al otro debemos saber que también ese sentimiento puede llevarnos a la obsesión o peor aún, a la locura. Yo me vi reflejado en sus bellos ojos y lo demás no importó ya, sólo me interesaba quién era, no lo qué era. Creo que estoy cayendo en la obsesión al imaginarme que puede volver y peor aun al creer que aun pude estar conmigo, pero, lo que hoy sucedió me dijo todo.
ALFREDO: ¡Dios! Dímelo que comienzo a no entender o por lo menos dime ¿cómo es que a pesar de todo lo amas?
ELIOSE: Con gusto te compartiré mi historia para que logres comprender un poco de mí y de lo que siento, de aquello que me duele en el alma como el más grande pesar.
Lo conocí de una forma poco peculiar, como por azares del destino, el día que lo agregué sentí que algo pasaría; en primer lugar porque un día que comenzaba a sentirme tranquilo, antes de conocerlo, en el justo momento que había decidido ser feliz en la vida me sucedieron cosas que después me asustaron. Recuerdo que había salido de trabajar una noche y al tomar una ruta que no había visto antes me inspiré y escribí algo en una vieja hoja, cuando volví la mirada vi unas letras azules: CMUCH, me impresionó ese letrero y sentía que algo pasaría ahí, jamás había visto ese lugar y pensé en dicho parque, así fue, pase unos meses sin saber mucho de ese sitio y menos por qué me causaba tal inquietud, pero aun así no le tomé la mayor importancia. ¡Jamás me imaginé que me encontraría con alguien que cambiaría mi vida y que me motivaría a escribir ciertas cosas de cierto modo!
Comenzamos por ese medio incomodo, por el chat y con miedo, poco a poco nos dimos cuenta de que ambos somos homosexuales, escribimos sobre cosas comunes, pero un día tocamos el tema del noviazgo, yo le dije que sería lindo tener uno, él me escribió con asombro si en verdad lo sentía, sí, le dije y en ese momento decidimos vernos un día. Podrías pensar que fue la peor manera de saber de alguien, podría serlo pero no me importa, el medio por el cual conoces al otro, por extraño, anticuado o incomodo que sea no importa, porque el modo de hacerlo no hace a la persona, la hacen sus hábitos, comportamientos y lo más importante, su autoconocimiento.
Él ya había llegado al zócalo, el clásico lugar donde alguien espera a otro, dónde los enamorados comúnmente se esperan, donde rompen algunos, donde se divierten los viejos con las palomas y los niños con los globos, justamente llevaba este pantalón de mezclilla y este suéter morado a rayas cuando llegué ahí, no lo vi al inicio, lo busqué y dije: bueno, es normal que tarde o es normal que de plano no venga, de todos modos no vengo con la ilusión de tener algo estable, pero si se da, no estaría mal.
Lo vi sonriendo, con su piel apiñonada, con su sonrisa de niño emocionado que le fruncía los ojos, con su cabello lacio y sin peinar, simplemente acomodado hacia adelante con los dedos, con una playera blanca y un pantalón de mezclilla azul, una mochila negra le colgaba del hombro derecho, caminaba de una manera extraña, como forzada a andar bien. Su sonrisa adornada por unos hoyuelos que le daban ternura, tenía la cara de un niño inocente, la sonrisa de un pícaro pillín de incontables aventuras vividas, la sonrisa de un infante, de un pequeño tras decir una picardía que no entiende. Sus ojos claros, color miel o una cosa rara, pero diferentes a los que había visto jamás. No era delgado, pero aun así se veía bien, es de mi estatura, con la cara redonda, el cuello corto, los brazos delgados.
Aun así mi primera impresión no fue de gusto a su figura, ni a su persona, no, porque no me parecía bello, pero sí había algo que me había llamado la atención en él. Me reconoció y me dio la mano, saludándome y hablando como un norteño, sonriendo y esquivando mi mirada que resultaba penetrante y analizadora, como intentando saber quién era sólo viéndolo. Caminamos por un momento, casi no había discusiones, creo se aburrió al principio de mi, sólo me miraba de arriba abajo, creyendo él que no me había dado cuenta, pero en realidad lo notaba en todo momento. Le hablé de un profesor del colegio y le mostré un dibujo, él quedó impresionado por las extrañas estampas de profesores que tenemos en el colegio, profesores inteligentes en desmesura pero excéntricos en su modo de ser.
Recuerdo que en cierto momento después de una hora nos sentamos en una banca del callejón del Carolino, sí, aquella que quedaba viendo de frente a la carretera. Él se sentía mal ese día del estómago y de la cabeza, creo eso era lo que le tenía en mal animo. En cierto momento después de platicar separados, sin darnos cuenta poco a poco nos fuimos acercando, como un imán cerca de un metal que tiene el mismo peso, moviéndose lentamente hasta quedar juntos, demasiado juntos. Ya sintiendo que el haberlo conocido en persona acabaría ahí llegó un vendedor de curiosas bolsitas que contenían un corazón dentro, que, según él, al golpearlas hacían un estruendo y se abría la bolsa dejando al descubierto un pequeño globo metalizado de corazón. Él se vio interesado y compró dos, recuerdo bien lo que dijo ese día: este de sobre amarillo será para mi amiga, sólo espero no diga te amo, porque ilusionada como está vaya creer otra cosa ¡y no! Este otro lo guardaré. Y se me quedó viendo, pensé que me lo daría a mí, eso esperaba, pero los guardó y seguimos hablando. Caminamos por una calle, que no recuerdo, hasta llegar al paseo bravo. Ahí nos sentamos y recuerdo que me pregunto cómo me gustaban los hombres, yo di mi modelo de chico, él simplemente dijo: a mí me gustan los pandrosos, tú eres un pandroso. En ese momento sonrió e hizo resaltar sus hoyuelos y sus labios, su rostro lumínico que me hipnotizó un poco. Aquel silogismo exageradamente practico y conciso me robó una tímida sonrisa que me forzó a bajar la mirada para ocultar mi felicidad.
Nos sentamos, hablamos y Alfredo, disculpa que te hable de esto, de cómo me enamoré de él, pero… necesito decirlo… disculpa.
ALFREDO: Continua, que me dejas picado con tu relato, no he bostezado aún.
ELIOSE: Cuando nos sentamos comenzaba a llamarme la atención, lo que llegaba a decir rescatable, poco, pero valía la pena. Ahí estábamos, él con su dolor y yo queriendo sanarlo de algún modo. Viendo sus ojos, viendo él los míos y sonrojándonos al darnos cuenta de que nos mirábamos. Nos acercamos más, yo con el dedo índice le picaba el estomago, él hacia un ruido y se reía, diciéndome que me detuviera por su dolor, lo continué haciendo. Amenazándome con tomarme de las manos continué, me tomó las manos y se me quedó viendo a los ojos de nuevo. Después continuó hablando sobre cosas que le gustaba hacer. El dolor continuaba, yo me sentía emocionado, quería irme pero a la vez no sabía por qué y me quedé un tiempo más, a él le llamaban pero inventaba pretextos para no marcharse.
Mis manos sostenidas por las suyas, mi sonrisa, la suavidad de sus dedos carcomidos por la ansiedad, la desesperación de salir con hombres idiotas que sólo deseaban su sexo, su placer, antes de descubrir sus sentimientos. Volví a picarle el estomago, gritó ¡Ya! Me tomo de la mano y sin soltarla la bajó, acomodándose ambas de modo impecable, deslizándose como un pétalo en las curvas del tiempo. Así estuvimos, en la vía publica, de la mano, ahí sin saber nada, ahí reconociendo que era alguien distinto a los demás. Estuvimos así, ya no sabíamos qué decirnos. Miré hacia otro lugar y él me contemplaba, al darme cuenta veía sus ojos excitados, su sonrisa de oro, sus dientes de plata, las tumbas de la nostalgia que no habían sido cubiertas que sostenían su sonrisa, su cabello brillante, su mirada hurgando en mí, todo comenzaba a tornarse bello, perfecto, ideal.
Me soltó y dijo: debo irme, es tarde ya. Sacó su cartera y de ahí saco sus credenciales, me las mostró y ahí tenia una de nuestra universidad, preguntándole por qué la tenia él agregó: era de mi exnovio, bueno es, pero jamás se la di como puedes ver, es que terminamos mal, en primer lugar me intentó forzar a tener relaciones sexuales y por ello comenzó a cambiar, me odió, se buscó a otro y yo traté de entender pues buscaba sólo lo que necesitaba, sabía que no podía satisfacer en ese aspecto, pero bueno, se supone que al final me invento un chisme, modificando una conversación del Messenger me hizo quedar mal y como puta ante los demás cuando a los tipos ni los conocía en persona. Por ello me quedé con esto, me la dio pero después de eso no se la di y es que sabes, no me gusta ver a mis ex después de la relación, me duele, me lastiman, prefiero evitar eso. Después de eso sacó lo que primeramente quería: dinero. Saqué también de una vez mi cartera para mi pasaje y la tomó y la revisó quitándome mis credenciales, vio la de la universidad y me la entregó y guardando mi credencial del elector en su bolsa, se paró y me dijo: ven acompáñame. Lo seguí por mi credencial, luego por gusto de estar a su lado.
Apenas había visto a ese tipo, apenas le hablaba…
Me llevó por calles raras detrás del mercado Venustiano Carranza y lejos ya del Paseo Bravo, cerca de una bodega se detuvo diciendo que se sentía cansado y acalorado, se recargo en una pared y se puso bajo un techo, miro a los lados y me dijo que me acercara, lo hice. Sus ojos se iluminaron, lo vi, me tomo del rostro y me acarició, vio mis ojos, se sorprendió, a pesar de los lentes, vio algo en ellos. Me dijo: estás bonito chico, eres un pandroso, me gustan los pandrosos, se ve que eres listo. Y acercándose a mí me hurtó de mis labios un beso que duró nada, que apenas nuestros labios se juntaron en el más tierno de los besos. Sonrió y lo abracé por la cintura llevándolo al rincón para que no pudiera escapar. Él se apenó, lo miré con mayor profundidad, acerqué mis labios a su rostro y le dije: eres tú también bonito y agradable. Nos perdimos en ese momento hasta que a punto de besarlo, se movió y siguió caminando.
―No te daré tu credencial por más que me insistas, dices que quieres volver a verme y yo también quiero, esa próxima vez nos veremos, es una garantía, es como olvidar en la casa de alguien algo para ir por ello cuando todos se han ido y estar solo con esa persona, así es esto, así que por más que insistas si cumples tu palabra yo cumpliré la mía― eso me dijo y lo seguí por esas calles hasta llegar al Paseo Bravo, en algún tramo la emoción llego a su límite, bajó su mano que colgaba en la correa de su mochila, me tomó de la mano y sin decir nada no me soltó, de nuevo llegamos al parque y caminamos un tiempo hasta toparnos con el colegio que estaba ahí detrás, el “Antiguo templo colegial de san Francisco Xavier”. Nos sentamos en el desnivel, donde sólo un par de chicos estaban platicando. Su dolor estomacal no cesaba, deseaba que se sintiera mejor y me acerque a él para abrazarlo y recargar mi cabeza en su hombro, sintiendo su aroma como el mío, su calidez como la más divina sonreí como un estúpido. Me había enamorado de él.
ALFREDO: Te expresas bien y se dio todo eso que dices de una manera muy linda, he llegado a imaginarme esa ocasión, en verdad la manera en que lo dices hace que uno mismo sienta ese enamoramiento como propio. Pero bueno, trataré de no interrumpir o decir algo, continua con lo que pasó después.
ELIOSE: Ok. Sentía ganas de besarlo pero no lo hice, platicamos un rato más, su cara de dolor era más intensa, me acerqué a él, lo abrace por la cintura y nos quedamos viendo a punto de besarnos de nuevo él se volvió y vio la hora en su celular. Era tarde, nos levantamos y caminamos una calle hasta llegar a la entrada del cine Colonial, ahí esperamos su transporte, aun así él sólo repetía: me podía ir en esa, ¡chin! No la vi. Me recargué en la pared de la entrada del cine, sí, donde esos pequeños bordes de caramelo sucio colgaban desde el techo, como si el gran helado con el cual fue construido comenzara a derretirse y entonces ahí, me miró y se acerco a mí, me dijo: cierra los ojos y yo, emocionado, lo hice. Me sorprendió en verdad lo que hizo, topo su frente con la mía y me dijo: eso, pequeño pandroso es también un beso. Sonreí, me sentí en las nubes, legué a ellas de un disparo de luz eterna que se había revelado aquella tarde, la ruta se acercó, tuve que bajar del cielo, pero por suerte el semáforo en rojo la detuvo, Cano me pidió cerrara de nuevo los ojos, lo hice, escuché que sacaba algo de su mochila, me pidió que pusiera mis manos juntas y frente a mí, que algo me daría. Al abrir los ojos la sorpresa fue mayor, estaba ahí mi credencial con algo maravilloso: aquella peculiar bolsita de corazón. Me dio un tope más, el cual bauticé esa tarde como beso de cabra y se volvió extendiendo la mano, subiéndose a esa ruta, despidiéndose con una gran sonrisa, diciéndome: si no te veo después no importará, he pasado la mejor tarde de mi vida, sin necesidad de mentir, sólo ser yo. Lo vi alejarse y lamentándome de que existiera el tiempo y un lugar donde debía dirigirme, vi su hermoso regalo, el cual guardé desde ese momento con todo mi corazón.
ALFREDO: Vaya, ahora veo, tú romántico, por qué es que te has enamorado ha radiar de brillo en el alma por él, a hacer cada acción para él, para tratar de que esté bien, porque verlo bien te hace sentir mejor.
ELIOSE: Puede decirse que sí Alfredo, sin embargo sufro no por eso, no es que dependa mi felicidad de él, eso es absurdo y eso porque lo amo, de ser que él fuera mi todo y que me hubiera creado en él eso no sería a mor sino obsesión, sin embargo siento yo que en el estado que me encuentro es diferente, pues al quedarme con una parte de él y él quedarse con una parte de mi me he lastimado y esto es sí quizá una especie de obsesión, pero es diferente, ya que tiene una justificación razonable que es perder algo que es propio: el amor.
ALFREDO: Me confundes, ¿dices que no es obsesión o que es una especie de obsesión diferente? ¿No decías al principio que estabas cayendo en la obsesión?
ELIOSE: No lo noté, cierto, creo que tienes razón, será mejor separar estas ideas y ponerles nombre propio y si es necesario apellido también. Yo hablo de Obsesión, que es el aferramiento de quiénes somos en el quién del otro. Es decir crearnos a partir del otro y no de nuestra autoexploración, sé que se puede dar mediante el otro, pero ese conocimiento es intimo a pesar de ser con el otro, porque usamos al otro como medio para conocernos, pero a la vez le damos el otro la posibilidad de conocerse y esto para su bien, por eso en el amor al hacer esto sentimos placer cuando el otro mejora, porque es como si nosotros mismos nos conociéramos. Podemos notar una especie de egoísmo, sí, en el fondo quizá es el amor todo esto, pero no es un egoísmo feo, como aquellos que es todo ellos, para ellos, de ellos y por ellos, es un egoísmo que involucra al otro y que mutuamente se alimenta, es decir, este egoísmo es la autosuficiencia y satisfacción del yo propio que hace posible la relación con el otro, nuestra presentación ante el mundo.
ALFREDO: Suenas convincente, ¿la base del amor sería el egoísmo entonces? Es decir ¿el conocimiento y mejoramiento del yo?
ELIOSE: Así lo pienso. El egoísmo es el precursor de toda sincera relación pues tiende a un fin metafísico y no material, tiende primero al mejoramiento de uno, al sumo conocimiento intimo o al menos en el más posible autoconocimiento para poder trascender y extrapolarse hacia los demás, es ahí cuando el egoísmo se trasforma y todo para hacerle un bien al otro, porque para hacerle un bien al otro primero hay que hacernos un bien a nosotros mismos.
ALFREDO: Me convences, pero si siento que no lo vuelves a hacer te lo diré. Bueno Hablaste ya de varias cosas pero dime una ¿qué pasó hoy? No terminaste de contarme ¿por qué llegaste tarde?
ELIOSE: Cierto, no te hablé de eso. Pues me quedé ahí esperando un poco, viendo la ventana cerrada de la casa de enfrente, el cielo comenzaba a nublarse de una manera rápida y poco peculiar. Me sentía abatido y sentía como si la naturaleza fundiera sus fuerzas con las mías, uniéndose a mi melancolía que me amargaba cada vez más el corazón. Vi al cielo negro, me levante y le grité: Anda tú, cielo triste, maldito e inalcanzable de belleza eterna ¡Ciérnete frente a mí y abre tras tu lluvia la esperanza rota de volver a verlo, anda, únete a mi desgracia y brinda conmigo la decadencia del alma en la que me encuentro, anda, rueda tu primera lagrima y maquina como nunca lo has hecho llevado por el sentimiento, anda ,rétame, anímate a llorar conmigo, veamos quién será el primero en ceder, vamos y dile a Dios si está arriba que se asome y me escupa en la cara para humillarme por completo, para reírse mientras le hablo y no escucharme como lo hace siempre, pues dios nunca dice nada, nunca escucha nada, nada hace por los hombres! ¡Vamos cielo, jajaja, vamos maldita sea, no seas cobarde y llora que no aguantas más la nostalgia, vamos… llora…
En ese momento caí de rodillas y lloré como jamás había llorado, pues que estés en la cima del amor y de pronto te lo arrebaten sin razón alguna es un dolor que nadie, que verdaderamente ha amado, soporta, es como una constante punzada en la piel carcomida, nadie puede con eso, es como enfrentarse a la muerte y tratar de evitarla cuando sabes que un sólo suspiro frente a ella te destruye. Dejar mutuamente algo, el dolor más grande, la pérdida de un hijo que los unía, perder una parte de ti. Lloré y en ese mismo instante una gota de lluvia cayó sobre mi nuca, una pequeña gota y de pronto al ver arriba las nubes grisáceas y negras se agitaban descontroladas movidas por el aire, la briza se incremento y revoloteó, entonces yo, sintiendo que los demás pensaban que me humillaba por servirle y llorarle al más bello sentimiento sentí mi cabello correr en el aire, golpeándome la frente, picándome los ojos, sintiendo que mi cuero cabelludo se iría volando todo entero, sentí que volaba y de pronto sentí un gran golpe en el corazón, un golpe que sólo había sentido dos veces antes, una vez al hablar con mi amigo Sergio, otra vez cuando sin darme cuenta Cano paso a mi lado. Me caí al suelo y ensucié mi rostro de tierra, mi saliva salió y se estampó en el asfalto, la sangre de mi frente brotaba, sin saber cómo me levanté para recargarme en la pared y dejarme caer lentamente como si a cada instante mis huesos átomo por átomo se volvieran polvo quedé ahí sentado, con las piernas semiextendidas, semidobladas, con mis manos sosteniéndolas para que no se perdieran de esa posición. Lloré un poco más, lloré como no lo había hecho en nueve meses de su ausencia, con el dolor acumulado. Me había dejado vencer por el sentimiento, perdí el orgullo, deseaba verlo, pero nadie estaba dentro de la escuela, incluso estaba ya cerrada.
Me puse el gorro en la cabeza, le apreté jalando del cordón, sosteniéndolo por un nudo con mi boca mientras la balanceaba de adentro hacia fuera, como un caballo a punto de comenzar la carrera. Extendí mis piernas un poco y de pronto alguien se acercó, se tropezó con mis pies y yo, ágil aún por la sombra de los entrenamientos de Sensei Carlos me levanté, extendí los brazos y tomé por los hombros a la persona que estaba a punto de caer. Pero por desgracia el peso me ganó, cerré los ojos y puse mi brazo, el sujeto cayó sobre mí, nuestras mochilas se enredaron, yo caí golpeándome el brazo con mi peso y el suyo, el sujeto sacó el aire de mi estomago. De pronto, con los ojos cerrados y luego con la vista borrosa y la mente aturdida y desubicada hasta que desperté de mi letargo con sus bellas palabras y su sensato tono de voz, acorde a la imagen del día, de mis ojos, de mi circunstancia…
― ¡Oye pendejo! ¿¡Quién te crees que eres¡? O sea, me pones lo pies cuando paso por a…― y se interrumpió con asombro, entonces yo le conteste: ―Disculpe, ¿se encuentra bien?― Y al levantar la mirada noté que era él, era Cano encima de mí, cerca de mis labios.
―Ca-ca-ca-aaano… al fin te tengo donde quería…
―¿Dónde querías idiota?
―Sobre mí, así, literal.
― ¡Idiota! ahora mismo desearás jamás haber venido por aquí ¿qué diablos haces?
― Vine a buscarte.
― ¿A mí? Já, pierdes tu tiempo, lárgate que no quiero volver a verte, a saber de ti.
― No parece que sea eso, de ser así ya te hubieras levantado.
En ese momento puso su cara de seriedad, abrió más lo ojos y la boca expreso una sonrisa al revés, pude notar que él había llorado un poco, esquivó mi mirada y puso sus brazos sobre el suelo para estirarlos. Él había cambiado, su rostro de niño se había transformado, era ahora el de un hombre que había sufrido algunas amarguras, que había pensado un poco más, su rostro mostraba madurez y a la vez tristeza, que él no pudo disimular frente a mí. Había tenido ya experiencias que lo habían vuelto más seco y a la vez menos expresivo, reservado para aquel que le volviera a dar luz a su vida como en el pasado. Todo aquello noté en sus ojos y de alguna manera sabía que mis sentidos no mentían. Se alzó, sus brazos se veían igual que siempre, su lunar derecho café seguía igual que antes, lucía un cuerpo más esbelto, sin duda su vida ya había cambiado. Pero el intento de levantarse con sus brazos no fue suficiente, pues volvió a caer tan cerca por intentar levantarse de inmediato, estábamos enredados por las correas de nuestras mochilas.
―Diablos, haz algo para evitar esta horrible situación, es incomodo saber de ti, imagínate lo que siento ahora por tenerte debajo mío. Lo nuestro ya terminó ¿por qué has venido a buscarme?
―Porque aun siento algo por ti Ángel, no quisiera ya y no porque no me intereses ni porque te odie o algo por el estilo, la verdad es que he intentado superar esta situación pero ella me ha superado a mi por mucho, a tal grado que me someto ante este sentimiento. Sin quererlo, sin pensarlo no puedo dejar de pensar ni un solo día en ti y eso me da un terrible pesar, tan grande que la cruz comienza a volverse mi piel, no sé qué pasará cuando llegue a mis sentimientos, pero lo más seguro es que me destruyan y me vuelvan a la locura y todo ¿por qué? Por una simple cuestión: el malentendido que tuvimos al momento de nuestra separación. Piensas tú que yo pienso que me engañaste pero eso es mentira, jamás dudé de ti, es más, algunos me han dicho que pudiste haberlo hecho o que lo tenias en mente y por eso te fuiste, pero no, si supieras como te he defendido, las apologías que he creado para que no difamen tu nombre y no por amor sino porque no saben nada de ti y sólo suponen, porque yo supe algo de ti, lo suficiente como para estar seguro que no lo hiciste. Y aun así, siendo verdad, no lo pensaría y no por ser un ciego, sino porque tengo cierta imagen de ti y me entregaste mucho que a nadie habías dado, como por ejemplo tu confianza. La causa de este dolor tampoco es culpa, no tengo porque sentirla, pero sí coraje y rabia al saber que piensas de mí algo inadecuado, lo comprendo, aquel día me dominé más del orgullo y de la furia antes que pensar más tranquilamente. Ambos hemos tenido la culpa y te aseguro que esto de venir a verte es la forma más valiente y veraz de lo que siento por ti, porque no cualquiera doblega su orgullo para buscar al otro, no cualquiera se interesa por el otro como lo he hecho por ti que verdaderamente te amo.
―Eso fue lo que nos separó, sufrí mucho pensando que habías pensado eso de mi y por cobarde y orgulloso debo aceptar que jamás intente buscarte, saber de ti, sí, eso lo podía, pero sólo pensaba en ir y pensaba a la vez que podrías rechazarme o humillarme, aunque de cierto modo eso hice con tu ilusión el día que no llegué al que sería nuestro último encuentro o la resolución del problema. Perdí el interés por ese pensamiento, pero ese maldito sentimiento me atacaba constantemente, varias formas de salvarme intenté y sólo me creó un poco de desconfianza ante los demás, tan insípidas esas caras bonitas que venían a verme, tan estúpidos y aburridos que pensé que había cometido el peor de los errores, pero a alguien encontré y me hizo tan feliz incluso como tú. Hicimos algunas cosas, fuimos pareja y era algo bonito aun así por mi cabeza pasaba tu sombra.
―Lo mismo me ha sucedido a mí también.
Entonces los dos nos quedamos mirando, él pensaba en esa persona, yo en la que dejé atrás por tener este sentimiento por Ángel. Me moví y él se levanto, nos paramos y se quedo viendo a la ventana. Yo recordaba aquel día en el que estuvimos juntos, yo deseaba que pensara lo mismo y me viera en algún momento a los ojos en el justo momento en el cual nos volviéramos para vernos a la vez. Lo veía aturdido impactado, de peculiar modo nos volveríamos a ver, esto superaba en todo al día que le capté con la cámara por error cuando él pasó a mi lado sin darme cuenta, si lo sé fue por las palabras de mi amigo Sergio que se asombró por el suceso, por su rostro captado por error en esa cámara.
―Sabes Ángel, me han pasado cosas muy raras, coincidencias podríamos decir como una vez que en el Mate fui a una celebración y había un chico similar a ti, me impacté al verlo, pues no llevaba lentes como ahora y justamente había pensado que eras él. Ese día salí a dejar a Mary y con el Sol puesto comenzó a granizar enormes bolas que golpeaban al mundo, de pronto se calmó y llovió de golpe sorprendiéndonos a todos, una hermoso arcoíris se coloreo ese día, viendo hacia un lado vi un lugar llamada Cano, donde la maldición me dominó de nuevo, en mi vida había visto ese lugar, jamás había sido mi intención enterarme. Maricela se subió al microbús, yo, corrí con un cigarro en mano a El Mate, pues ahí me esperaban, casualmente el chico estaba con nosotros hablando, no sabía que era también un invitado. Cuando me senté y respiré un poco me quedé pensando en ese lugar cuando de la nada, cuando no escuchaba la música sino como un simple ruido común y cotidiano escuché claramente la canción que en el día de mi cumpleaños me dedicaste, en ese momento quise llorar y salir a buscarte. Muchas coincidencias como esta fueron las que me sucedieron y a veces sin pensar en ti ocurría semejante restregada divina que me decía que no había superado la situación. Los sueños también me dieron esa impresión. No podía más, temía más que nunca conciliar el sueño y ahogado vine a dar por casualidad a este lugar.
― ¿Será esa la razón por la que pienso también en ti? Porque a veces te metes a mi cabeza y no puedo sacarte y odio eso porque me duele. ¿Por qué no te largas ya? Hemos aclarado las cosas, eso es lo que querías, te lo he dado, vete, ya no quiero saber de ti.
―Si es eso ¿por qué no tú mismo te has ido y has decidido quedarte?
― ¿Qué? O sea, ahora sí me voy, si he decidido es por educación, por no ser grosero, pero me es suficiente, me voy.
―No, espera, quiero saber más.
― ¿Qué? ¿Más? ¿Qué más quieres saber? ¿Que ya no te amo, que no me importa lo que pase con tu vida? ¿Eso querías saber? Lo sabes, no quiero que comiences a hablar raro y me revuelvas la cabeza con ideas. No quiero eso, he tenido suficiente, por eso ya no puedes saber más de mí, porque la última vez que por el correo tuvimos un intercambio te burlaste de mi y fuiste grosero.
―No, el grosero siempre fuiste tú por evitarme diciéndome que me amabas, por decirme qué sentías por mi y diciéndome que a pesar de eso no querías verme y que buscarías a otro. Pero te entiendo, sólo me defendía, dejaba a mi orgullo defenderme para no morir, pero el día que falló jamás pudo defenderme de nuevo, me dejo totalmente expuesto. Te comprendo y comprendo el porqué evitarme te dolía tanto que no querías volverme a ver3. Acéptalo, eso es, y creo que aun es eso, que aun sientes algo sino ya te hubieras ido.
― ¡Cállate!
Y en ese momento como en una película lo vi en cámara lenta, casi phantom, le vi los ojos llenos de lágrimas, un nudo inmenso en su garganta, una bocanada atorada en su pecho, un semblante de ira en su rostro, su mano elevándose al infinito como un verso, la gracia en la que se movía, su rostro desgarrado de una manera inconcebible, el niño inocente había muerto abriendo paso a sólo un hombre desgraciado y de pronto lo vi cerca y luego nada.
Me había dado una bofetada que me había sacado sangre de la boca, me había roto el labio, me quedé impactado, la lluvia comenzaba a caer lentamente, pausada, como un salpicón, como si dios sudara por el suspenso que el hecho que acontecía, en ese momento sí se había levantado de sus aposentos y existía ya, sólo en la total miseria. Nos quedamos en silencio, él boquiabierto, con los ojos bien abiertos, yo con el rostro gacho, destruido, goteando sangre como un reloj, la lluvia comenzaba a cambiar de color mi ropa, mi cabello se debilitaba y sufría el peso de la gravedad, me quede mirando hacia abajo y él que tanto deseaba no verme e irse se quedó ahí.
―Cano, ahora que has llegado a esto ¿podemos ahora hablar? O es acaso que no te das cuenta de lo que aquí sucede, dímelo ahora ¿me darás esa oportunidad? Es esta la última vez que lo intento, por eso también deseo que me digas lo que quiero escuchar.
― ¿Por qué haces esto? ¿Por qué? ¡Mira lo que te he hecho! ¿Cómo puedes continuar aquí? ―y en ese momento su rostro palideció, derramó lagrimas, sintió el aleteo del recuerdo en su memoria y agachó su mirada, se pasó las manos temblorosas sobre sus grandes ojos hinchados y movió la cabeza desesperadamente como si quisiera arrojar su alma a cada suspiro, a cada sollozo. Y así pasaba, la máscara se le cayó, era una máscara que no había notado antes, aquella de, no soy la persona que esperas, sí, pero ¿cuántos de nosotros somos la persona que esperan los demás? El problema del enamoramiento es idealizar, pero es a la vez algo a lo que nos debemos enfrentar. A veces no es que cambie la persona sino que ella se descubra y se demuestre cada vez más de manera diáfana.
―Vine a solucionar esto y de ese modo podré proceder respecto a ti ¿no te has dado cuenta por qué continúo aquí después de lo que me has hecho? Jamás hubiera permitido esto y jamás le había buscado a alguien, pero dicen que para todo hay una primera vez, para todo puede haber una excepción. Y tú, Cano, eres esa excepción.
― ¡No me vengas con eso! Después de tanto tiempo… ya ha pasado lo nuestro ¿Qué vienes a buscar? ¿No ves que nada volverá a ser igual? Sólo buscas fantasmas…
― Sería maravilloso si así lo fuera, pero lejos de de esto están mis intenciones, además no desearía lo de antes… en absoluto volvería a ser del mismo modo. Irrepetibles son aquellos instantes… He venido a aclarar que jamás desconfié de ti, el problema fue de comunicación.
― ¡Empezaste tú con tus cosas raras de que morirías, que tenias miedo, empezaste con tus celos!
―Lo que sucedió fue otra cosa. Empezaba a preguntarme acerca de la razón de la vida (humana) y me encontré con algo muy triste… que no existe… ¡No existe tal motivo en sí! ¿Quién no se sentiría infeliz ante semejante noticia? Si encontrando esa respuesta se derrumban tus metas, tus sueños e ilusiones y notas que vagas en este mundo sin un rumbo fijo, con un fin fingido que te imponen y no dudas ¿dime Cano, si eso lo descubrieras no crees que te sería difícil continuar? Muchas veces lloré por eso, varias veces me deprimí en la ausencia que me había creado… el fin de la vida. A la vez constantes dolores de cabeza me azotaban fuertemente en las noches, sentía que algo me sucedería, no la muerte, quizá, pero sí que algo le sucedía a mi cuerpo. Respecto a los celos algo que me hizo arder fue que con una sola vez me metieras en el papel de malo, mientras tú lo eras en todo momento, cada instante dabas muestras de celos.
Me diste un golpe fuerte al repetirme el tema de la fidelidad y de las relaciones sexuales. En el caso de la segunda me decías que en caso de no poder proporcionar el placer sexual que necesitaba podía complacerme en alguien más y eso porque aun no buscabas de eso, que por el amor que sentías por mi entendías bien mis necesidades y el placer sexual era uno de ellos, que por ese amor y confianza no pensarías nada negativo de mi, pues tú al no cumplir esa función me permitías lo hiciera de algún otro modo. De cualquier modo jamás accedí a esa ridícula propuesta. Cualquiera podría pensar que por algo te negabas, que era un estúpido si continuaba con esa relación, sin embargo no lo sentía así, sé de antemano que no todos somos iguales, que cada cual tiene un modo impredecible de ser y tú, a pesar de todo no perteneces al vulgo…
Hay algo que no entendí jamás y en verdad me hacías llorar por dentro cada vez que lo mencionabas, a veces dudabas de que te amaba por no ser semejante a mí, sin embargo si me enamoré fue por ser tú quién eres, por tener lo qué eres, porque ese quién es tu modo de ser, tu esencia, el desvelamiento de tu autoconocimiento, es tu ser mismo o como dicen otros… tu alma. Tu manera única de ser, lo cariñoso que eras conmigo, lo cruel, despiadado y crudo al hablar, lo inteligente, lo arraigado que eras a la realidad, a pesar de que te dolía verla algunas veces, el miedo que te causaba ver más allá de lo que se te presenta aparente y como lo hacías conmigo a pesar de que a veces no me entendieses, lo libre y espontaneo, lo creativo; el modo en el cual te habrías a un mundo ajeno al tuyo. Cano, todo eso, la confianza, todo eso me enamoró de ti, todo antes de desear tu cuerpo y al fin cuando vi lo-que-eres, desnudo, frente a mí, se convirtió ese en un momento eterno porque descubrí que por dentro y fuera eras justo lo que quería para mí. Por placerme de modo intelectual y permitirme meterte un poco en el mundo de las cosas que has llamado raras. Por abrirme yo a mi intimidad y corresponderte del mismo modo.
¿¡Cómo crees que me sentí con tu nihilista pensamiento!? Ese sobre la fidelidad, que no resulta importante, que la infidelidad no resulta ponzoñosa para la relación, que esa fidelidad era una reserva especial para los matrimonios. Si tú mismo acordaste conmigo que el amor, el estar en pareja es el deseo de permanecer con el otro a través del tiempo, respetando el acuerdo que se ha creado.
Gracias a nuestra relación comencé a preguntarme sobre el sentido de la vida y descubrí que ese sentido existe, pero no en sí, sino que es creado y encontré que podría ser el amor, o al menos en mi caso, por ese motivo he estado en busca de qué es el amor, llevo ahora 9 meses desde el inicio de mi búsqueda, y te dije lo que creía del amor algún día en El Mate, pero aun había algo más y cuando estaba a punto de decírtelo todo… te fuiste y jamás regresaste.
Me he salido ya del tema, ahora entiendo porque nunca me entendías, resulto ser un idiota para hablar. Volvamos a lo de la fidelidad, una relación se destruye completa o medianamente tras la infidelidad, porque la relación que los amadoamantes pretenden conservar se alimenta del interés por ambas partes, el interés no es material, sino sensual y sentimental; en el amor la confianza y la constancia son indispensables ya que el otro abriendo quién es se expone y entrega una parte de sí mismo y deposita en el otro su confianza, necesita una seguridad, por mínima que sea de que el otro le corresponderá del mismo modo. Por ello cuando alguien intenta atacarnos, sin importar de quién se trate solemos contraatacar, defendernos contra aquello que nos lastima, en el caso del amor los celos son un medio de protección, siempre que sean mesurados, pues la obsesión lleva al intento de dominar en el otro y hacerlo nuestro. Hasta alguien con el pensamiento como tú, si en verdad ama, se sentiría amenazado, porque encuentra esa seguridad de abrirse al otro y eso es lo más peligroso que podemos hacer, además imagínate la situación de alguien con dos amores, sin duda uno será su favorito y el otro se sentirá celoso, si no es algo natural en el hombre tener un solo amor, quizá sea lo mejor para evitarse ciertos problemas que seguramente se ganaría, como es ese, la atención y el agrado o repudio que se puede sentir al ver al otro con alguien más. Entiendo, o he entendido apenas que quizá se deba a nuestra inexperiencia que no seamos fieles o que pueda existir la posibilidad de ser infiel, pues como dijiste tú: somos muy jóvenes para pensar en el matrimonio o que nos quedaremos para siempre con alguien, hay que vivir primero, no importa en el noviazgo la fidelidad, es algo sólo propio del matrimonio. A eso respondo lo siguiente, acordaste conmigo estar de ese modo como pareja, de no ser así habría posibilidades de remediarlo mediante la verdad, pero acordando eso te contradices aceptando que el noviazgo es la pretensión de estar con alguien y por último el vivir está bien, pero para eso ni es necesario estar en pareja, el vivir y experimentar le sienta mejor a la soltería, pues sin fines, más que el autoplacer, no se ata a ni un solo compromiso. Incluso pruebas de celos, en contradicción con lo que decías, me diste. No puedes decir que miento.
Fue una tontería alejarnos por este trabalenguas: que creyeras que yo creía que fuiste infiel. Lejos estoy de tal sentimiento, fui culpable por dejarme llevar por el miedo y el coraje, cuestionándote de ese modo para poner en crisis el asunto para tratar de saber lo que pasoó en verdad. He pensado mucho en eso, no sabes cómo me arrepiento, por no haberme callado en ese momento y no es que haya dudado de ti, era el miedo de que sintieras en verdad eso y pudiera perderte. Lo que me hizo estallar en ese sentimiento fue el que me dijeras, para agregar una brasa más… que mentiste diciéndome que entendías cuando no lo hacías y me dejabas hablar mientras te alejabas de lo que te compartía, creando una brecha entre nosotros, callándome en mi éxtasis y arrebato por un: ¿¡Podrías dejar de habar cinco minutos de eso!?
― ¡Ya está! Me lo has dicho, ¡ahora lárgate que no quiero volverte a ver!
―Muy bien, me iré, sólo quiero que sepas algo más: te amo tanto como el día que mataste mi ilusión diciéndome primero que no querías verme ya, a pesar de que un par de días después quedamos de vernos para hablar, que me decías que ya no querías nada conmigo, que estabas ya con alguien más y lo peor, tú tan considerado me decías que aun me amabas, que pensabas todavía en mi y que deseabas a la vez estar conmigo. Todo a pesar de que no estuviste con nadie en ese momento. No sabes cuánto daño me hizo eso, que al encontrar a alguien fabuloso lo terminé por el recuerdo que me causabas, no eres el culpable sino de no haber cerrado este siclo conmigo. No sé cómo pudiste tú con eso. Por eso te busqué una vez, porque empezabas a torturarme con la parte que dejaste en mí. Y ahora dejándolo a él he venido a salvarme diciéndote todo esto y la respuesta más clara para evitarnos esto hubiera sido el motivo de tu desaparición de mi vida, el por qué ya no seguiste luchando como lo intenté yo. Sin embargo alimentabas esa ilusión, no sé si porque lo sentías o no querías lastimarme. La verdad me hubiese lastimado menos. Eso es todo.
Y sin ver hacia atrás, Alfredo, amigo mío, caminé hacia la American School para seguir mi camino alejándome para llegar al zócalo, pero un gran dolor en el pecho me detuvo, mi cuerpo se acalambró, mis brazos y piernas hormigueaban, caí al suelo, mis músculos se contrarían y Cano al verme lanzó un grito y corrió hacia mí.
― ¡Pandroso! ¡Pandroso! ¿¡Qué te pasa!? ¡Perdóname, no quería hacerte esto… perdóname!
Estaba en el suelo, no podía moverme así que me arrastró a la banca donde lo esperé alguna vez con un libro entre las manos, un libro sobre el amor, ahí me sentó y lloró, hasta que recobré el movimiento y obvio, el conocimiento.
― ¡Déjame Ángel! Ya no puedo, me torturas, ¡Ya! ¡Aléjate de mí! No quiero hacer nada que arrepienta después.
― ¿De qué hablas?
― De esto…
En ese momento me alcé con las pocas fuerzas que me quedaban después de semejante golpiza y arrastrada que me dio ¡Así literal! y le robé un beso, él intentó alejarse y en escape fallido se levantó, lo tomé del brazo y de alguna manera inexplicable caímos al suelo cuando al mirarme miserable y maldito4 me besó también.
― ¿Por qué no volviste antes? Alguien llamo mi atención y se fijaron en él mis sentimientos, por ellos en algún momento dejé de pensar en ti. Él me pareció atractivo y me gustó porque le vi un parecido a ti, era un pandroso también, inteligente y físicamente atractivo y como a ti le fascinaba Platón. Por unos meses salimos convirtiéndonos en buenos amigos. Era todo perfecto con él, la convención en las relaciones que me enseñaste funcionó con él, esta vez decidí no cometer error alguno, le conté todas mis ideas, le compartí algunas de mis experiencias, en nuestro momento de amistad le platicaba mucho de ti hasta que en un punto esas platicas pasaban a ser sólo sobre nosotros. Empezamos poco a poco a tratar de cambiar las circunstancias, en algún momento nos dimos un beso y pensamos que era una tontería eso, yo no quería perder a ese excelente amigo, pero después de haber tocado sus labios me fue difícil pensar en él de algún otro modo. Accedí, me deje llevar poco a poco y los besos cambiaron de tono hasta que sus manos se agregaron y me tocaron el cuerpo, también lo hice. En algún momento le pedí que fuéramos pareja formal, él entendía lo de las relaciones y en un principio habíamos acordado empezar como una relación abierta para ver si esto tenía oportunidad de resultar. Él se negó. Pasaron otras semanas y la relación se fundaba más en el placer, honestamente me perdí en eso y cuando no vi más allá nos unimos en las relaciones sexuales… sí… después de eso… él se alejó de mi. Le pedí que habláramos, me sentí usado, deposité mi confianza en él, le entregué todo y me pagó de esa manera, me di cuenta, nunca quiso algo serio conmigo. Hoy sería el día en el que hablaríamos, me dejó plantado, su número de celular no existe, lo cambió sin avisarme, bloqueó su cuenta de twitter para mí. Más fácil para mí hubiera sido decirme la verdad… o que yo me diera cuenta… por eso estoy aquí, salí a comer con mi amiga a los búhos de la vuelta y platicamos, la estúpida no me ayudó en nada, me he dado cuenta que la mayoría de las personas que llamaba amigos, a esos que rápidamente llamé así no eran más que conocidos… tenías razón… tan superficial fue ella que me dio coraje, le di lo de la cuenta y me salí a dar una vuelta, regresé al CMUCH, di una vuelta dentro y me senté en las escaleras de la entrada luego caminé al tejado y ahí vi las copas de los árboles de jacarandas. Vi el rocío caer y bajé para recibirlo filtrado por las copas de los árboles y me senté entonces en la banca del parque, recordando cuando te veía leyendo ese libro sobre el amor, cuando me leías a Platón, cuando prometíamos cosas de ensueño.
Me tomó de la mano, enmarañó mi cabello y yo me solté a llorar con una risa psicópata.
― Pandroso, no sé qué pensar… si no tuviera lastimado el corazón volvería contigo, no hay más qué decir…
― Te entiendo, pero, ya, ya, no hablemos de eso, sólo abrázame, bésame, déjame estar hoy contigo…
―Quédate entonces…
Estuvimos así aproximadamente media hora, como si el tiempo se hubiera suspendido y jamás hubiéramos terminado la relación. Debíamos marcharnos, me sugirió que me llevara su uniforme para quitarme la ropa mojada, él se la llevaría, seguro era otra de sus garantías para verme, sonreí, eso quería pensar. Me puse el uniforme, sentía su aroma. Lo dejé en la parada, el bus se acercó, me dio un tope y se fue con una sonrisa. Metí la mano en la bolsa de su pantalón y dentro vi una nota que decía:
Hola Chucho ¿por qué esa cara larga? ―Pues la verdad… lo extraño… ―¿No que ya no?― Lo sé, pero… ―Si sientes algo por él deberías buscarlo, él te vino a buscar una vez, fuiste grosero, le mentiste, le dijiste que ibas al hospital y no fue así, nos fuimos de borrachas…― Lo sé Pame, pero… ahora me arrepiento… ―es buen paso empezar con eso que quedarse así y darse cuenta demasiado tarde…― Gracias…
Sí, el estaba pensando en buscarme Alfredo ¡imagínate qué feliz me sentí! Caminé a la parada, me subí al micro y llegué al zócalo, tarde como siempre contigo…
ALFREDO: Para nada, sólo un elegante retraso de una hora o más…nada, nada… además entiendo, tu vida es un desastre, sin ofender.
ELIOSE: Lo sé Alfredo, pues eso es lo que pasó, por eso he llegado tarde…
ALFREDO: Y dime ¿crees que regresen?
ELIOSE: Me dijo que lo pensaría… que se comunicaría de algún modo conmigo… sólo espero lo mejor.
ALFREDO: Ahora bien, te veo más tranquilo, me gustaría hablar un poco sobre esto que noto en esta relación y además quiero que me digas qué es eso de estar enredado bajo las redes de tu propia teoría, si se supone la conoces, la sistematizaste tú ¿cómo puedes estar enredado en lo que tú mismo creaste? No entiendo, además hablas de tipos de obsesiones… ¿es necesario todo eso? A lo mejor y sí y no me he dado cuenta, changos, a veces no veo todo el problema, pero creo es normal. Además quiero que sepas que entre dos el dolor es más fácil de llevar y superar y no es porque se reparta sino porque el platicar con el otro es también un modo de conocerse a sí mismo, porque creo que ver que el otro no haga observaciones de lo que no alcanzamos a ver es indispensable, debemos evaluarlo y si corresponde a la realidad tratar de hacer algo a darlo por alto. Lástima que a veces por el miedo a uno mismo no hagamos eso… conocernos.
ELIOSE: Vale Alfredo, empecemos con esto.
ALFREDO: Bien, mi pregunta será directa y sin más rodeos: ¿qué es la obsesión según tú y qué la hace ser lo que es?
ELIOSE: Buen planteamiento. La obsesión es el aferramiento a la esperanza de algo que no será o que quizá no sea, es decir es divagar que algo será como deseamos cuando en realidad es de otro modo y no puede cambiar. La obsesión es también poner todo lo que somos y quienes somos en el otro. En el caso del amor la primera obsesión se da por el anhelo de que las cosas vuelvan a ser como eran antes o que se replanteen bases similares a las que eran; esto se da por no cerrar adecuadamente un ciclo para continuar con otro o por no entender que eso ha muerto, y que, como cualquier muerte debemos seguir y enfrentar el duelo. En el otro caso de la obsesión se da por el desconocimiento de uno mismo y un alejamiento a quienes somos poniendo en el otro aquello de lo que carecemos, es por ello que muchos que juran que viven y hacen todo por el otro viven en realidad un engaño pues han deformado el amor y se envuelven de la obsesión. Han caminado esas personas por el suicidio, pues al perder al otro lo pierden, sin duda, todo. De las obsesiones esta segunda resulta ser la más penosa, pues el abandonado, por llamarle de algún modo, no se tiene a sí mismo, no se conoce y ha perdido lo que aparentemente le hacía ser quien era. Podemos con el otro conocernos, sin duda, para ello existe la dialéctica, sin embargo es con el otro, no por el otro.
ALFREDO: Me parece que aciertas, sin embargo ¿Por qué nos es tan difícil entender que el otro ya no puede estar con nosotros?
ELIOSE: Creo, amigo mío, que se debe a que el otro no nos da las verdaderas razones de lo que sucedió o de plano no las da. En caso de dárnoslas lo que sucede es que la parte que el otro nos dio late tan fuerte que el entendimiento no puede asimilarlo, por ello debemos hacer una vuelta a nosotros para auxiliarnos y sanar ese dolor porque la pérdida del amadoamante significa la perdida de una parte de nosotros.
ALFREDO: Entiendo, sin embargo ¿no crees que sería imposible que una relación se terminara si es que es amor verdadero? Es decir si en verdad se aman ¿podrían existir motivos que de pronto o procesualmente ocasionen que el sentimiento cambie? Porque de ser amor verdadero creo que jamás moriría y no habría factores que lo destruyeran.
ELIOSE: Me parece que debería ser así pero el humano, como ser de cambio, de devenir, no puede quedarse estático sino que debe fluir, debe alimentar el amor, actualizarlo, por ello los que verdaderamente se aman deben renovar el sentimiento constantemente.
ALFREDO: Brillante contestación sin embargo me queda corta, pues no resulta mucho para el que es persuadido vigorosamente, con algo como lo que dices. Aceptaría sin duda, pero yo me siento inconforme porque creo que una vez manifestándonos en ese estado no podemos cambiar, es decir tenemos ese amor sólo con la persona con la que lo hemos parido y el lazo es tan poderoso que resulta imposible romperlo. De ser que el amor termina me atrevo a decir que eso no era amor sino otra cosa. Podemos enamorarnos de miles pero sin duda amar sólo a uno.
ELIOSE: Creo que lo que dices es muy determinista, es como pensar que está escrito que hay alguien con quien pasaremos así toda la vida y quizá no sea así, yo considero, sin embargo, que el enamorarnos de alguien es porque la otra persona concuerda con lo que deseamos del otro y quizá exista una persona de la que más nos sintamos enamorados o que hayamos amado más, pero al no darse esa relación lo que sucede es que quizá esa persona no sentía conexión completa con ella y fue al encontrarse con alguien más que intuyó que podría darse esa oportunidad de encontrar esa entera correspondencia. Por esta razón podemos amar a través de nuestra vida a unos pocos, por la correspondencia saciada pero en diversos niveles. Si existe esa persona quizá nunca sabremos quién es porque no hemos tratado de establecer una relación de pareja con todos los humanos del mundo, para comprobar quien de todos nos da esa mayor correspondencia, lo que también es absurdo pensar, pues la vida es corta, los recursos pocos y el hombre finito.
No podemos esperar también que podemos encontrar todo en el otro pues para eso estamos nosotros mismos y conociéndonos y amándonos lo que podemos hacer es mostrarnos al otro y hacerle sentir nuestro amor y el otro sintiendo lo mismo puede compartirnos eso que en su ser aflora y desea ser conocido por un semejante. Ahora la vida al ser consecuente pone en todos los humanos, en todos nuestros caminos, problemas para enfrentarlos y si en pareja no se resuelven es porque no se aman o no se corresponden totalmente o no lo han notado y han fundado su relación erróneamente. Por ese motivo se crea el amor, por ello podemos sentir eso con pocas personas, porque el amor no es sólo atracción sensual. Si ambos se han reflejado mutuamente es porque se aman a pesar de que con otros podrían reflejarse de ese modo con una profundidad diferente. Hay que poner a prueba lo que sentimos para probarnos a nosotros mismos que si estamos con alguien es porque creemos que ese otro es el indicado.
***
C O N T I N U A R Á